La competencia empresarial solía parecerse mucho al teatro tradicional: en el escenario, los actores tenían papeles claramente definidos y los clientes pagaban sus entradas, se sentaban y miraban de forma pasiva. En los negocios, las empresas, los distribuidores y los proveedores entendían y cumplían sus funciones bien definidas en una relación corporativa. Ahora el panorama ha cambiado y la competencia empresarial se parece más al teatro experimental de las décadas de 1960 y 1970; todos y cada uno pueden formar parte de la acción.