Como prometedor director de Microsoft, Michael Wallent tenía fama de ser un jefe duro, a veces, demasiado duro. Se incorporó a la empresa en 1996 y avanzó rápidamente; en 1999 ya supervisaba un equipo de 300 ingenieros que trabajaban en el desarrollo de Internet Explorer. Al igual que el fundador de Microsoft, Bill Gates, que se reunía con Wallent para revisar el trabajo de su equipo cada trimestre, Wallent se centraba en los datos y los hechos, no en las opiniones de los empleados, y era conocido por lanzar críticas fulminantes en las sesiones de revisión de productos. Sus comentarios típicos: «Esto es estúpido». «Esto está mal». «Esto es lo que tiene que hacer». Debra Chrapaty, su exjefa (que ahora trabaja en Cisco), dice: «Se sabía que Michael era agresivo, un poco condescendiente y duro; tenía una mentalidad de ingeniería arrogante».