
Resumen.
Hace poco más de un año, en un viaje a Nairobi (Kenia), unos colegas y yo conocimos a un niño masai de 12 años llamado Richard Turere, que nos contó una historia fascinante. Su familia cría ganado en las afueras de un enorme parque nacional y uno de los mayores desafíos es proteger a los animales de los leones, especialmente de noche. Richard se había dado cuenta de que colocar lámparas en un campo no disuadía los ataques de los leones, pero cuando caminaba por el campo con una linterna, los leones se mantenían alejados. Desde muy joven, le interesó la electrónica, aprendiendo por sí mismo, por ejemplo, desmontando la radio de sus padres. Utilizó esa experiencia para diseñar un sistema de luces que se encendiera y apagara en secuencia (utilizando paneles solares, una batería de coche y una caja indicadora de moto) y, por lo tanto, creara una sensación de movimiento que esperaba ahuyentara a los leones. Instaló las luces y los leones dejaron de atacar. Pronto, los pueblos de otros lugares de Kenia empezaron a instalar las «luces del león» de Richard.