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Genio colectivo

Resumen.   

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El asombroso éxito de Google en su primera década parece ahora casi inevitable. Pero basta con adentrarse en su grupo de infraestructura de sistemas para darse cuenta rápidamente de que no fue así. El crecimiento meteórico de la empresa dependió en gran medida de su capacidad para innovar y ampliar su infraestructura a un ritmo sin precedentes. Bill Coughran, como vicepresidente sénior de ingeniería, dirigió el grupo desde 2003 hasta 2011. Su organización, formada por 1000 personas, construyó la «sala de máquinas» de Google, los sistemas y equipos que nos permiten a todos utilizar Google y sus numerosos servicios las 24 horas del día, los 7 días de la semana. «Hacíamos un trabajo que nadie más en el mundo hacía», afirma. «Así que, cuando surgía un problema, no podíamos simplemente salir a comprar una solución. Teníamos que crearla».

A version of this article appeared in the Junio 2014 issue of Harvard Business Review.

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