
Las pruebas anecdóticas sugieren sin duda que el viejo tópico de que el poder corrompe a las personas es cierto. Las historias sobre líderes poco éticos y deshonestos aparecen en los periódicos - y en los libros de historia - con una regularidad alarmante. Pero, ¿sabemos realmente si las personas en posiciones de poder se comportan de forma menos ética que la población en general? Una serie de científicos sociales ha intentado responder a esa pregunta en los últimos años.