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Resumen.
Mi primera jefa, Colleen, era una microgestora. Cada vez que pasaba por delante de mi mesa en nuestra oficina de planta abierta, todo mi cuerpo se tensaba. Me vigilaba constantemente. Todos en nuestro equipo sabían que ella esperaba la perfección y eso significaba hacer las cosas "a la manera de Colleen". Me dediqué a aprender los entresijos de sus preferencias y a convertirme en su compinche perfecta, pero aun así, su control nunca aflojó.